Un día viajaba sobre una Estrella errante. En días anteriores su camino y el mio se habían encontrado y decidimos seguir la misma senda.
En uno de tantos momentos en que cada quien esparcía el vuelo del pensamiento, volvío su argenta y luminosa cara para decir: "Pequeño Hombre, ¿no tienes miedo de que en cualquier instante mi llameante cauda te convierta en cenizas?"
Y yo le dije: "¿Acaso es con temor que se encontrará lo que se busca? Pero... si tú eres mis alas y yo tu equilibrio, ¿no tienes miedo de que al balancearte mal te haga chocar y quedes en mil pedazos?"
Su respuesta fue un silencio, una mirada larga y una sonrisa compañera, y continuamos guardando en los bolsos frutos de soles que a nuestro paso recogíamos.
Del libro "Pequeño Hombre" de Emilio Rojas.
domingo, 21 de septiembre de 2008
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